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23/07/2018 –  4 minutos de lectura
Por Teresa Martos

Empecé a escribir este artículo en un café, reflexionando sobre lo maravilloso que es desayunar fuera de casa. Luego pensé en cómo era esa experiencia hace 15 años: un lugar, un café, una tostada, un zumo y ojalá una música agradable, luego solo quedaba dejarte abrazar por el olor a café recién hecho, mientras leías o trabajabas mecido por el barullo del lugar. En pleno 2018, he pedido el mismo menú, pero puedo elegir entre varios tipos de leche, varias opciones de pan, tengo al menos 3 formas de pago y en lugar de zumo, hay varios tipos de zumos y con tantas propiedades que quiero beberlos todos para ver si acabo teniendo súper poderes.

Hoy la experiencia debe ser mucho más… ¿Personalizada? ¿Compleja? ¿Enriquecedora? veamos qué nos dicen algunas tendencias:

  • Comer con conocimiento, los consumidores demandan productos más auténticos y respetuosos para el medio ambiente y para la salud. Hasta en cadenas con una fortísima expansión a nivel global, se hace foco en el origen de las materias primas como guiño a un consumidor, que espera que el abastecimiento y la producción sostenible estén presente en toda la cadena de suministro. Marcas más innovadoras como Ireland Craft Beers, se apoyan en el Blockchain para permitir a los usuarios acceder a la información sobre cada producto, incluidos los ingredientes, la procedencia y los métodos de preparación.

 

  • Taste a picture, Parte de la experiencia es poder evaluarla. Lo que comemos y sobre todo donde lo hacemos se han transformado en una forma de autoexpresión. Coleccionamos experiencias gastronómicas como estrellas Michelin, y el disfrute de lo estético se traduce en miles de contenidos gráficos con una altísima capacidad de prescripción. El Visual análisis, hoy por hoy, es un Must para que las marcas puedan entender si su oferta gastronómica despierta el deseo fotográfico de los clientes. Un ejemplo es la cadena de restaurantes Boston Chops, que creo este año su “mesa Instagram”, con el objetivo de que los entusiastas del food porn la pudieran reservar y poder sacar las mejores fotografías de los platos, ya que ofrecían ajustes de iluminación, temperatura o color.

 

  • Loyalty lovers, la fidelización como concepto es clave para cualquier sector. En el caso de la restauración donde la conveniencia o la atomización de la oferta es palpable, fidelidad es el vehículo para lograr un volumen de clientes estable pero también para recuperar el concepto de negocio local en el que te conocen “de toda la vida”. Lolli & Pop ha elevado la fidelización incorporando el reconocimiento facial como una forma de identificar a sus clientes cuando entran a las tiendas (previo registro sobra decir), ¿Para qué? para recordar sus preferencias, lanzar alertas sobre alergias o felicitarles su cumpleaños…Algo que sabría tu tienda de siempre pero trasladado a una cadena nacional.

 

La realidad es que gastamos un 70% más en experiencias que hace 30 años y el 80% de los millenials asegura prefiere pagar por vivir algo, más que por poseer un objeto. El deseo por coleccionar momentos, ha provocado una evolución de las experiencias gastronómicas. Estas se han transformado en recorridos mucho más elaborados que van desde el origen de los productos, hasta el sistema de rewards que obtienen los consumidores por ser fieles a ciertos menús.

Crear estas experiencias, entendiendo a los consumidores que están detrás de ellas es crucial para lograr estar a la altura de las expectativas de unos clientes que demandan, y que sobre todo no perdonan una mala experiencia. Concluyendo de una forma simplista y clara: Salimos mucho más a comer pero no nos comemos cualquier cosa.

Autor

Teresa Martos

Teresa Martos es Growth & Client Success en Findasense España. Nacida en una familia Geek, ha trabajado durante más de 10 años ayudando a sus clientes a sacarle todo el jugo al mundo digital. 3 pasiones: la música, los donuts y su bebé.

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